Los restos de la maestra jardinera Micaela Corvalán (29 años) y su asesino y expareja, el agente de Policía Román Gutiérrez (33), fueron sepultados ayer en el cementerio municipal de Ojo de Agua, en medio de una ciudad conmocionada por el hecho de sangre sucedido el sábado pasado por la tarde. Los velatorios, realizados en distintas salas, se iniciaron antenoche, luego de que se concretaran las respectivas autopsias.
De acuerdo con la pericia forense, la docente sufrió dos impactos de bala, que partieron del arma reglamentaria del femicida, una pistola calibre 9 milímetros. Uno de los proyectiles atravesó un brazo y el restante se incrustó a la altura del tórax, entre las costillas y la axila, provocándole mortales lesiones, revelaron fuentes ligadas con la investigación policial y judicial.
Los profesionales del Cuerpo Médico Forense también establecieron que Gutiérrez se suicidó de un disparo en la cabeza. La bala ingresó a la altura de la sien derecha, atravesó todo el cráneo y salió por el sector izquierdo de la cabeza.
Ambos cuerpos fueron hallados en el piso de la cocina-comedor de un departamento del barrio El Tala que era alquilado por la maestra, quien estaba separada del padre de su hijo de siete años, que presenció todo. Hasta el momento, no se determinó que hubiera alguna denuncia penal por violencia de género.



